
Hoy asistimos a esta plaza, en el marco de las celebraciones que la Confederación Nacional de Organizaciones Populares realizará durante el presente año, para recordar las gestas heroicas que definieron nuestro carácter como Nación.
Me refiero al Bicentenario de la Independencia, el Sesquicentenario de la Reforma y el Centenario de la Revolución Mexicana. Escogimos como inicio esta fecha que es relevante para nuestra historia republicana, día en que el licenciado Benito Juárez entra a la Ciudad de México a restablecer los poderes federales en 1861, como corolario del triunfo liberal en la Guerra de Reforma.
La Guerra de Reforma o Guerra de los Tres Años, da inicio por la pretensión del grupo reaccionario, conservador o retrógrado, de abrogar la Constitución de 1857, que el 17 de diciembre de ese mismo año, a través del general de triste memoria, Félix Zuloaga, dio a conocer el Plan de Tacubaya.
Y concluye el 22 de diciembre de 1860, cuando ese grupo cae definitivamente abatido ante las fuerzas liberales, en la batalla de Calpulalpan. Motivo por el cual convocamos a esta celebración.
El personaje principal incontrovertido de esta etapa, fue don Benito Juárez García, quien en la reflexión de José Valadés (cito): “Consideraba prácticamente la idea de justicia social; para alcanzar tal idea, ha de empezar por destruir en sí mismo, los dos grandes monopolios de la época. De esta manera, podrá determinar sentenciosa y definitivamente: La educación no puede ser monopolio de la religión y el Estado no puede ser monopolio de una clase social”.
No son pocas las vicisitudes que enfrentó, para poder cumplir su cometido de defensor de la Constitución. La historia nos ofrece ejemplos de su valor, temple y decisión frente a la adversidad. Muchas veces sin más armas que el verbo y la razón.
Así, podemos recordar el episodio aquél en el cuál, ante la crueldad de la cárcel o su inminente muerte, Juárez prefiere persistir en el cumplimiento de la Ley. O un Juárez inalterable ante su inminente fusilamiento, que Guillermo Prieto Pradillo conjuró, dejando para la posteridad su inmortal frase: ¡Levanten las armas! ¡Los valientes no asesinan!
Juárez se convirtió, enfrentando la cárcel, el fuego de las armas y el filo de las bayonetas en el defensor por antonomasia de la Constitución, dejándonos un legado de visiones e ideales sobre el país que quería, aún vigentes. Un país que se perfiló desde entonces bajo la égida de un sistema libre como la democracia y un anhelo firme, el de justicia social. Que considera más seguro y cierto el camino de la ley, que un ideal de justicia que privilegia el resultado pero repudia la táctica.
Esta firme actitud republicana y la nueva legislación de la Reforma, hicieron posible, la radical modernización del Estado mexicano. Por encima de las armas, la traición y el golpe de mano. Tejiéndose la nueva estructura constitucional de México, en la construcción de la cultura jurídica como fuente de legitimidad, basada en los principios filosóficos del laicismo.
El ejemplo de Juárez y los héroes de la Guerra de Reforma, perviven entre nosotros. Como ellos, debemos alzar la voz y luchar por los ideales de avanzada que nos dieron patria. Ante los embates de la reacción y su pretensión de olvidar la historia, los liberales de hoy acudimos a las aras cívicas a defender la verdad.
Por eso decimos desde aquí al gobierno federal: un ¡NO!, rotundo a que nos expropien la historia. En el sector popular venimos a rescatar el ejemplo de Juárez. Y con la celebración del Sesquicentenario de la Guerra de Reforma, venimos a decir, que si hace ciento cincuenta años hubo mexicanos que expusieron sus vidas para defender la Constitución, hoy muchos otros seguiremos su ejemplo.
Una reforma política no puede pasar encima de la historia. La no reelección en los cargos de elección popular, no es un problema de eficacia o de carrera. Es un principio revolucionario que costó sangre y muerte. Una proposición que en la Revolución mexicana valió más de un millón de vidas humanas. Un anhelo del pueblo aún vigente y que se hizo Constitución, que no se nos olvide.
Misma Constitución que admitió la pluralidad política como parte importante de la democracia que queremos, para que las expresiones minoritarias del país pudieran tener representación en los congresos legislativos. Ese pluripartidismo es un derecho esencial de la democracia mexicana, que no debe ser conculcado por un ánimo simplificador: es preferible tener una voz minoritaria en el Congreso, que una expresión política condenada al silencio o la consigna.
En conjunción con ello, resulta inadmisible la existencia de candidaturas independientes, que solo promoverían nuevos privilegios que, en la historia sólo han servido para entronizar franquicias políticas, en detrimento de la equidad. ¿O quién podría competir contra los barones del dinero y evitar que el Estado se vuelva a convertir en monopolio de una clase social?
Pretender que se abrogue la facultad del Congreso para decidir cuándo aprobar las iniciativas del Ejecutivo y se otorgue la aprobación ficta de la ley; o facultar al Ejecutivo para presentar observaciones parciales o totales a los proyectos de ley aprobados por el Congreso y al presupuesto de la federación, no son más que intentonas para, de nueva cuenta, hacer del Estado un monopolio.
¡Esas pretensiones no pasarán! Ante las lecciones de la Independencia, la Reforma y la Revolución, son aspiraciones sin sustento, inviables, ¡ya resueltas por el juicio de la historia!
En Tabasco contamos con un gobernador que ha sabido enarbolar las banderas de justicia social, libertad y democracia. El químico Andrés Granier ha sabido levantar la voz para reclamar justicia, defender nuestros derechos y luchar para que nuestros blasones se alcen orgullosos de la dignidad que representan. Por eso le decimos públicamente: señor gobernador, puede usted contar con el sector popular, para apuntalar los proyectos políticos de la corriente progresista de Tabasco.
Ante las añoranzas y sueños de la reacción que perdió sus privilegios, ante las tentativas retrógradas, ante los grupos conservadores que ya no pueden ocultar su deseo de regresar a la oscuridad de épocas pasadas, desde esta modesta tribuna, les decimos: ¡No volverán…!
En el 2012, la reacción dejará Los Pinos y una nueva reforma se escribirá para que aspiremos, como bien diría Juárez, a merecer de vosotros, para legarlo a nuestros hijos, ¡el título de buenos ciudadanos!
Muchas Gracias.
Discurso pronunciado por el Lic. Félix Eladio Sarracino Acuña, Secretario General de la CNOP en Tabasco, con motivo de la celebración del Sesquicentenario del triunfo de la corriente liberal en la Guerra de Reforma (1858-1860).
Villahermosa, Tabasco, 11 de enero de 2010.
