19 de septiembre de 2008

TERRORISMO Y POLÍTICA

Primera Parte: Terrorismo como Asignatura Partidista.

La lucha política en México ha cambiado radicalmente, desde los conceptos abstractos de lucha social, o el abanderamiento de causas más sentidas por la sociedad –tan comunes en el PRI- hasta conceptos concretos y tangibles como la defensa de PEMEX contra la privatización, que enarbola Andrés Manuel López Obrador. Puede que nos cause escozor, pero no podemos dejar de reconocer que si existe alguien con una enorme visión para la oportunidad política, ese es precisamente el tabasqueño AMLO, quién lleva prácticamente dos años recorriendo el país impulsando una lucha contra el fantasma de la privatización contra PEMEX.
Sus motivos sin duda no son los que declara. Quienes lo conocemos, sabemos que detrás de las tesis ideológica que defiende, se encuentra una intencionalidad política concreta. Es decir, que está calculando con precisión la rentabilidad que le va a dar este posicionamiento rumbo a su destino final: las elecciones en 2009 y, particularmente, en 2012.
Sin embargo, su planteamiento ideológico ante los ciudadanos de su partido y la población en general, vende. Es decir, recibe la atención y en no pocas ocasiones la simpatía del público, el cual sin duda tendrá un elemento de comparación en esta materia con los competidores políticos y le representará una opción posible a la hora de votar.
No podemos pensar que al señor López Obrador le falta razón. Antes, por el contrario, tiene una razón fundamental: está haciendo política, construyendo una opción y fortaleciendo un liderazgo que casi le alcanza en el 2006 para ser Presidente de la República. Lo mismo podemos señalar del presidente Felipe Calderón: está muy atento a los vaivenes y veleidades en el panorama nacional, tratando de dar respuestas a las interrogantes del ciudadano común, lo mismo durante la inundación en Tabasco que en el atentado de Michoacán, para sólo mencionar dos casos.
Y creo que es importante que en el PRI nos fijemos bien no sólo en lo que estos actores hacen o no hacen, sino en lo que nosotros hacemos o no hacemos como opción o alternativa de gobierno, dentro del espectro político nacional, como oposición. Porque no puede concebirse una estrategia política sin contar con el mínimo de referentes, para obtener un análisis acertado del entorno –un diagnóstico básico, si se quiere- que nos permita concebir el qué hacer del partido con una visión de futuro.
Me explico. Política es plan, acción concertada para lograr un fin, que en el caso de la política partidista es llevar a sus ciudadanos afiliados a conquistar los cargos de elección popular. Esto se hace mediante las elecciones; y las elecciones las ganan quienes presentan la mejor oferta política y tienen la mejor organización para competir. Por mejor oferta política debemos decir: los mejores candidatos y el mejor partido, es decir, las mejores opciones para una sociedad que tiene, en el mercado político, de dónde escoger.
En el PRI hemos creído durante mucho tiempo que una buena estructura y organización, con presencia en todos los rincones del país, basta para garantizar el triunfo en una elección. Si esto fuera cierto, es probable que el PAN por ejemplo, no hubiera podido ganar las elecciones de 2000 con Vicente Fox, o en 2006 con Felipe Calderón. Y sin embargo, ahí están los resultados, pese a las estrategias electorales y a las difundidas estructuras partidistas no sólo del PRI, sino también del PRD, contra las cuáles ha podido salir airoso el PAN en dos sucesivas elecciones federales.
Creo que esto se debió básicamente a que el PRI ha dejado de ser en buena medida una oferta política y a que al PRD no supo percibir con certeza lo que la gente quiere y se ancló en fórmulas simples de contradicción. Pero López Obrador, ya entendió la diferencia. Y esa es la estrategia que ha puesto en práctica al promover el Frente Amplio Progresista, alzar la bandera de defensa del petróleo y dar a sus seguidores una causa poderosa para fortalecer su espíritu de lucha política.
En el PRI nos hace falta entender nuestro papel como oposición. Creemos que seguimos siendo gobierno y que no es necesario hacer política independiente, crítica y opositora. No entendemos que ser oposición es ya una función política apreciada por la sociedad civil, ávida como está de acertar con quienes puedan representar legítimamente sus anhelos, muestren capacidad para impulsar los cambios que vislumbran, sepan arrancar al gobierno acciones asertivas en cada ocasión, no se conformen con cada respuesta y estén siempre a la vanguardia, con propuestas nuevas encabezando la corriente de un mejor futuro para todos.
Vemos hoy, por ejemplo, que la seguridad pública y la seguridad nacional se han convertido en un tema de preocupación popular. Se advierte el temor en las expresiones de la gente común, ante la irrupción de una nueva forma de delincuencia organizada: el terrorismo. Este mal que nos aqueja, tal vez en algunas regiones ya ha sentado sus reales y existan comunidades que hayan encontrado una manera de convivir con él, pero para el grueso de la gente es un fenómeno novedoso y atemorizante.
Esto debido a que las acciones delicuenciales de nuevo cuño, llevan impreso un sello distintivo, del que antes carecía: la violencia por la violencia, sin aparente finalidad lucrativa o política. Lo cierto es que este fenómeno ya parece generalizado, en parte por la importancia que se le otorga en los medios de comunicación, pero sobre todo porque no estábamos acostumbrados a esta forma de violencia. Amén de que ha sido un fenómeno progresivo.
Lo cierto es que la sociedad espera que alguien asuma un papel de adalid en materia de defensa contra el terrorismo y la delincuencia. Y tal parece que el PRI no ha acertado a ubicarse en una posición que, a todas luces, la sociedad reclama a los partidos políticos, o a quién se decida a asumir ese papel necesario.
Hasta el momento, la acción gubernamental ha resultado ineficaz, porque del gobierno se espera resultados efectivos -que cese la ola de violencia- no sólo propuestas o condenas. Éstas adquieren, precisamente, cartas de naturalidad cuando provienen de los partidos de oposición, no del gobierno. Y lo que espera la sociedad de los partidos de oposición, es precisamente que tengan la capacidad de mover a la acción, para garantizar la seguridad nacional.
Continuará Próxima Semana con Segunda Parte:

Lucha Contra el Terrorismo, Caso México.