5 de junio de 2008

Política Vs. Inundación en Tabasco

Vivimos una dolorosa devastación por agua. La construcción de un sistema de presas tiene efectos regionales de amplio alcance: En el vaso, las reubicaciones de pueblos completos y los derrumbes, como ahora hemos visto, son apenas algunos de los que podemos tomar conciencia inmediata. Y en la llanura, el control de los ríos ha contribuido a cambiar radicalmente el panorama hidrológico y demográfico, sin garantía de protección a los patrimonios y las vidas humanas, como dolorosamente hemos experimentado en Tabasco. Eso obliga a las autoridades, principalmente federales, que tienen la atribución en la materia, a mirar con detenimiento el desolador panorama. Eso explica desde un punto de vista -el de su responsabilidad como gobierno- la presencia cotidiana del presidente Felipe Calderón. Otro sería el de la solidaridad.
En este contexto surge la imperiosa necesidad de la reconstrucción. Es evidente que se ha dañado el patrimonio de un gran número de tabasqueños. Casas, propiedades, enseres domésticos, equipo de trabajo, que es lo menos. Porque también se ha dañado a las familias en su integridad, debido al costo de vidas humanas, enfermedades y desazón. Es loable entonces, el planteamiento solidario de proporcionar ayuda para recuperar lo que se ha dañado o perdido. Pero sin duda que hará falta mucho más que eso. Porque es necesario garantizar que se devuelva la seguridad y confianza que teníamos los tabasqueños para vivir en paz y armonía, sin estar expuestos fatalmente a los caprichos de la naturaleza y a la imprevisión humana.
Hay versiones diversas que impiden a un ciudadano común, como el que esto escribe, conocer de fondo las causas del suceso. ¿El manejo de las presas se hace bajo la prioridad de la protección de las vidas humanas y sus patrimonios? ¿O sólo tiene con el objetivo principal de producir energía eléctrica? Si fueran propiedad privada, seguro que estaríamos reclamando las indemnizaciones correspondientes y la responsabilidad de su manejo. Entonces, vale preguntarse, ¿el hecho de que sean propiedad del gobierno o la Nación, releva de responsabilidad al gobierno federal? Este es un tema incierto, pues no existen reglas o criterios públicos que establezcan como prioridad la seguridad de las poblaciones en el manejo de las presas.
Así pues, loable y todo el apoyo federal -que no es solidaridad pura, sino parte de responsabilidad por los sucesos- si sólo tiene el propósito de resarcir y rescatar, es insuficiente. El eje rector de una política de reconstrucción, en el contexto de las inundaciones que se dieron en Tabasco, no puede consistir simplemente en volver a la normalidad. Si ese es el propósito, la ayuda federal es insuficiente. Pero además, con trabas burocráticas que resultarían criminales, de no solventarse. Aquí me refiero al hecho de que el gobernador Andrés Granier haya tenido la necesidad de replantear las reglas del Fonden, para que el presupuesto destinado por la federación pudiera ser aplicable en la práctica.
El compromiso del presidente, de que dichas reglas serán revisadas, nos brinda la esperanza que cuando menos hay, en el gobierno federal, alguien que trata de contribuir a resolver la situación: el propio presidente. Porque sin duda lo sabían quienes propusieron canalizar la ayuda a través del Fonden. Y no previeron que Tabasco se encuentra en emergencia y no tiene los recursos presupuestales para enfrentar la inmensidad de estos retos.
Entonces ha hecho bien en decir al presidente lo que Tabasco requiere. Y habrá que decirle también que para que el propósito de reconstrucción se vuelva realidad, necesitamos algo más que solidaridad de ánimo y ayuda burocrática. El gran propósito de reconstrucción debe tener un eje que lo rija y articule: un proyecto que vea todas las aristas del problema y decida los recursos necesarios para llevar a cabo la inmensa obra de crear ciudades nuevas. Ciudades seguras, acordes a nuestra realidad de que vivimos en más agua que tierra.
Debemos aceptar que la política tradicional de asentamientos humanos no está acorde a los requerimientos de un territorio bajo e inundable como Tabasco. Debemos aceptar que el planteamiento de un programa contra inundaciones, puede ser viable en Venecia tal vez, pero no en Tabasco. No en este jirón tropical en el que tenemos depresiones bajo el nivel del mar y en donde, al decir de técnicos y expertos en la materia (que culpan a Kantepec, dios tabasqueño del agua y el maíz), escurren precipitaciones pluviales de un metro provenientes de una cuenca de 20,000 kilómetros cuadrados. Esto hace ver a Peñitas como sólo un simple charco.
Sin duda que ayudar a recuperarnos del golpe, es una posición respetable y que reconocemos, pero no es suficiente. No se trata de que nos levantemos hoy para esperar un nuevo anochecer de nubarrones y corrientales, que no sólo se llevan nuestras pertenencias sino también, como sucedió en muchos casos, nos alejan de nuestros seres queridos. Yo diría: muchas gracias señor presidente, pero no es suficiente. Lo aceptamos porque nos lo da, pero no es suficiente. La desgracia que padecemos junto con miles de familias tabasqueñas, debe dejarnos una enseñanza: protegernos de inundaciones no es tarea de castores. Requerimos que la reconstrucción se haga desde los cimientos.
Requerimos un Plan Hidráulico: tenemos que manejar el agua responsable y tecnológicamente, hacer navegables algunos ríos, para tener vías económicas de transporte, y rescatar tierras para la agricultura y la ganadería. Requerimos también un Programa contra Inundaciones: tenemos que defendernos del agua de Kantepec, que a decir de los técnicos, en esta ocasión fue particularmente encarnizado. Pero sobre todo requerimos una Política Integral de Asentamientos Humanos, que combine factores hidrológicos, económicos y sociales. Sobre todo, que privilegie la seguridad de la población por encima de criterios mercantiles en el uso del suelo, lo cuál ha permitido la aparición de asentamientos en zonas de riesgos.
No podemos dejar que los miles y miles de tabasqueños, que perdieron su hogar y enfrentaron desgracias personales lamentables, regresen a esperar la furia del agua en otro momento o circunstancia. Tal vez allá en el altiplano, cuando ven los nubarrones levantarse (si es que los ven con tanto smog), piensen “qué lata, el tráfico se pondrá pesado y llegaré tarde a casa”. Pero en Tabasco, que sentimos la humedad en el ambiente y estamos pendientes de los mínimos informes de precipitaciones en Chiapas, la menor llovizna nos cala hasta los huesos. Y el desasosiego inunda antes que el agua los corazones pensando en la familia, los hijos, los amigos y en el propio infortunio que se cierne como un tigre en asechanza.
Por eso requerimos que la reconstrucción se haga desde los cimientos. Más bien, desde dónde poner los cimientos. El gobierno federal debe entender que somos un estado no industrializado (ni siquiera el petróleo porque está centrado en la extracción), con una economía rural, de baja escolaridad, con alto crecimiento demográfico y una migración interna que satura nuestras ciudades tradicionales. Un estado que prácticamente está asentado sobre agua, en las márgenes de los ríos, en lechos de lagunas secas o rellenas, que ha ido ocupando los pantanos y los islotes. Y que estos asentamientos se han venido dando así porque la capacidad económica de la población y las condiciones geográficas, nos lo han impuesto sin más.
Ciertamente, el apoyo federal para recuperar las cosas perdidas, la atención a la salud y el regreso a la normalidad no es poca cosa. Es un comienzo. Pero no es suficiente. Tenemos que pensar en dar protección a la población en el futuro, proporcionarle seguridad y confianza en base a un cambio cualitativo en sus vidas. Es decir, de dónde vivimos. Para que nos dediquemos por entero a la reconstrucción de la economía y del tejido social, que el agua con tirria dañó, requerimos nuevas ciudades, nuevos asentamientos, más empleos productivos, no sólo temporales. Requerimos una nueva política, con una visión más humana de la dimensión de la tragedia y de lo descomunal de la tarea de reconstrucción que nos espera.
No podría dejar de mencionar el reconocimiento que Andrés Granier se granjeó, como líder, gobernador y ser humano. Reconocimiento social que, sin duda, será un factor determinante en la reconstrucción de Tabasco. Con ese liderazgo, no debemos descansar hasta que todos podamos dormir en sitios seguros, a salvo del agua y, entonces sí, la reconstrucción nos proporcione un nuevo horizonte desde el cuál salir a trabajar por la transformación de Tabasco.

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Bienvenido a este blog. Mi deseo es compartir reflexiones, ideas y propuestas sobre asuntos de carácter político; publicar información relacionada con esta importante actividad y discutir en forma civilizada los temas de la agenda nacional. Seguramente quienes tengan interés en la política, su filosofía y praxis, encontrarán un espacio en el cuál abrevar y disentir, proponer y recibir. Trataré de exponer no sólo mis ideas sino las de quienes han logrado crear una corriente o una doctrina. Lo importante es que, si tienes interés en la política, puedas obtener alguna información en esta página.