30 de junio de 2008

Evocaciones en Torno a la Resistencia Civil

La resistencia civil en Tabasco surge como una necesidad, por condiciones ajenas a las banderas de partido. Surge esencialmente porque las condiciones económicas de los tabasqueños se fueron deteriorando, paradójicamente, con el boom petrolero. Recordarás que en el sexenio del ingeniero Leandro Rovirosa se dio inicio a las grandes construcciones, grandes proyectos de infraestructura petrolera y comercial. El dinero del petróleo se reflejó de inmediato en el presupuesto estatal. Ya no hacía falta el tequio, aquellas aportaciones de las comunidades, que era una tradición, cuando querían una carretera, una escuela, en fin una obra pública, ¿te acuerdas? Era la gestión de la comunidad. Ponía un terreno… la mano de obra… ¡hasta dinero! El gobierno ponía otra parte y en ocasiones la iniciativa privada o los rancheros. Era la época en que si pasaba una carretera por tu rancho no cobrabas como ahora una indemnización, al contrario. Rogabas para que pasara por tu parcela o por tu rancho. Era el progreso el que llegaba. Eran beneficios los que llevaba la obra pública y la gente estaba deseosa de colaborar. En fin, era otra época. Pero llegó el dinero del petróleo, las grandes empresas, las grandes inversiones… y el tabasqueño cambió, cambió su entorno, cambiaron sus circunstancias económicas, políticas y sociales. Y surgió la industria de la reclamación. Es el antecedente inmediato de la resistencia civil. Se trataba entonces de obtener una ganancia prácticamente sin trabajar, a cambio de permitir que esas empresas explotaran el petróleo de tus tierras. A cambio de permitir que sus camiones y tráileres pasaran encima de la carretera de tu comunidad. Se cobraba por todo. Por la contaminación, por la destrucción de los caminos, por el simple paso a través de tu parcela o terreno. Y hubo quienes vieron en esa subcultura, una oportunidad para la política. Hay que recordar que Andrés Manuel López Obrador se monta en este tipo de movimientos, que eran movimientos de alguna manera genuinos. Se monta en la ola de inconformidad social porque PEMEX actuaba con prepotencia. PEMEX reproducía la premura y arbitrariedad con la que se determinó en las altas esferas políticas, que había que explotar indiscriminadamente nuestros hidrocarburos. López Portillo llegó al extremo de cambiar la Constitución General de la República, para hacer de la industria petrolera una actividad económica preponderante y de interés público. Entonces, si era de interés público, prácticamente nada podía oponérsele. Era el requisito para las expropiaciones de tierras. Se puso en práctica la política aquélla de la revolución: “mátalo, luego viriguamos”. PEMEX entraba a tu parcela, a tu terreno, a tu propiedad, y después indemnizaba. Es evidente que esta política iba a crear enfrentamientos y reacciones, como en efecto ocurrió. Surgieron movimientos como el Pacto Ribereño en Comalcalco, de autodefensa y lucha por indemnizaciones justas y un trato digno por parte de PEMEX. Pero finalmente germinó la política electorera. En vez de una política petrolera más humana e inteligente, que propiciara el entendimiento entre los campesinos, los rancheros y la empresa, se prohijó el comercio de conciencias: “te pago pa’que te calles”. Y así nace la industria de la reclamación. Ya tenían a PEMEX agarrado por la cola, negociando con los líderes. Y los líderes negociando con sus representados, no era gratuita la representación: les pedían dinero para “sostener el movimiento”, a cambio del dinero que les prometían por indemnizaciones, bonos de marcha, desgastes físicos, etc. Y les pedían votos, para combatir los gobiernos explotadores. En Cárdenas surge por cierto el primer gobierno de oposición de corte perredista, o más bien, andresmanuelista, el del Dr. Carlos Wilson. Hay que recordar que ya iniciaba la práctica aquella del no pago. Wilson hizo una campaña y una promoción permanente, mientras fue aspirante y candidato a la presidencia municipal, en base al no pago del impuesto predial. Bueno, si soy un ciudadano común y corriente, enfrento problemas económicos y hay un dirigente político que me dice que no debo pagar impuestos, pues ¡qué bueno, porque eso es lo que necesito! Si a cambio me pide sólo mi voto y el de mi familia, pues ¡qué fácil me la están poniendo! Sin embargo, ahí está la historia: cuando Wilson llega a la presidencia municipal, pues hay que cobrar impuestos. ¡Un Ayuntamiento no puede funcionar sin impuestos! Y hay que cobrar aunque se haya dicho que no se debía pagar. Y empezaron los problemas. Quizás pensaron: “Esto no funciona así, hay que buscar entonces a quién cobrarle la factura y para eso están las grandes empresas de la Nación. Al fin y al cabo, ¡son de todos los mexicanos! ¿Por qué vamos a darles nuestro dinero, si tienen el presupuesto del gobierno para trabajar? La Comisión Federal de Electricidad tiene mucho dinero, hasta le regala la electricidad a sus empleados… luego entonces, vámonos a la resistencia civil: ¡no paguemos la luz!” Y allí tienen ya una bandera sencilla: la del no pago. Sin mayor problema porque, ¿quién se va a negar a no pagar? En fin, te platico cómo percibo este asunto para afirmarte inmediatamente lo siguiente: hay una subcultura de reclamación, de no pago, de disolución de las bases de la sociedad. Pero ojo, no digo que no haya un substratum razonable y legítimo. Te platiqué lo de PEMEX, cómo actuó sobre todo en los orígenes de la explotación petrolera, cómo prohijó una base para explotar la inconformidad y, finalmente, que surgiera la industria de la reclamación. Pero de eso a glorificar esta subcultura, no estoy de acuerdo. Creo que han faltado organismos intermedios de conciliación y negociación imparciales, organizaciones sociales sin sesgos partidistas y una legislación que permita ágilmente la reclamación civil pecuniaria de quienes se encuentren afectados por la industria petrolera y por cualquier industria. Lo cierto es que nuestras bases jurídicas como Estado no están adecuadas a nuestros requerimientos de desarrollo. Aunque PEMEX sea una industria paraestatal, aunque se trate de una empresa transnacional, si existieran las leyes adecuadas, tendrían que ajustarse a esas leyes. Pero, o son insuficientes, o son inadecuadas, o simplemente no existen. Pero eso es otro tema. Lo cierto es que en el caso de la Comisión Federal de Electricidad hay mucho de fondo. No me quiero meter con el tema que se ha evidenciado en algunos medios de difusión, de las relaciones entre algunos de sus funcionarios y la oposición, porque no me compete, no tendría a la mano los elementos. Pero sí es evidente que de parte de la empresa también hubo una política errática, que permitió el crecimiento de la resistencia civil en el tema de las tarifas eléctricas. Dos de los factores sin duda, son el encarecimiento de dichas tarifas y el deterioro económico de la población. Y el otro, la política de disolución del Partido de la Revolución Democrática. Hay que recordar sin embargo, que el abanderamiento de la resistencia eléctrica no ha sido exclusivo del PRD. En 1995, siendo yo diputado local en la LV Legislatura (el gobernador era Roberto Madrazo), formamos en el Congreso una Comisión Especial, que estuvo presidida por el entonces diputado priista Ignacio Aysa Bernat. Fue un tema en el que los diputados tabasqueños avanzamos con la Comisión Federal de Electricidad a nivel central. Se efectuaron estudios por parte de la UNAM, la UJAT y otras instituciones académicas, auspiciados por el Congreso, para demostrar que Tabasco debía tener la tarifa 1E en los diecisiete municipios del Estado. Pero los criterios de la Comisión eran muy cerrados y nunca hubo en realidad voluntad política para resolver el problema. El PRI ha luchado para resolver la resistencia civil, pero lo ha hecho responsablemente. No hemos fomentado la cultura del no pago, porque sabemos que eso nos conduce siempre a conflictos mayores. En el caso de la resistencia eléctrica ha generado la falta de mantenimiento y un servicio deficiente, además de los consabidos cortes de luz. Es verdaderamente un calvario el que cientos de familias han vivido por la resistencia. Un verdadero calvario eléctrico, ya que no saben cuando van a tener problemas con el transformador, cuándo se van a quedar sin luz y por cuánto tiempo. En ciertas áreas de la ciudad y sus colonias, tal vez no sea un problema tan agudo. Pero quienes hemos andado en campaña, caminando las comunidades del Estado, en contacto con la gente del campo, nos damos cuenta de los padecimientos de la gente por la falta del fluido eléctrico, derivado de la resistencia civil. Y no se vale. Como te decía, en el PRI no queremos crearle conflictos a la gente. Tampoco ha querido el PRI colgarse de la necesidad de las comunidades para decirle: si votas por nosotros te vamos a mantener en un padrón para que la Comisión no te cobre. Eso sería defraudar la confianza de la gente y traicionar los ideales del Partido. Pero además, la Comisión sí les cobra… o se las cobra aunque no la paguen. Y no tienen un buen servicio o simplemente se quedan sin luz por mucho tiempo, en forma intermitente. Y las deudas siguen creciendo. Aquí es donde, a contrapelo del PRD, un partido que no puede sostener permanentemente ni incólumes sus banderas de mentiras y chantajes, surgió la figura de un gobernador señero, que tiene un gran compromiso con la transformación de Tabasco: Andrés Granier. Yo veo a Andrés Granier como un hombre que sabe para qué es el poder: para servir al más necesitado. Un hombre que siente un gran compromiso moral con los tabasqueños, agradecido del respaldo popular que le dimos en la contienda interna, en la elección constitucional. En fin, un hombre al que le ha costado llegar a donde está pero que lo ha hecho escuchando y comprometiéndose con la gente. Porque nadie que no hubiera sido un gobernador surgido de la lucha y el compromiso social, honestamente, habría asumido las banderas que asumió Andrés Granier, los compromisos que ha venido cumpliendo. Encontró la manera de ayudar directamente a la gente, de subirlos en la escala económica y social, de blindar su dignidad, para que no tenga que agachar la cabeza ante el chantaje de un partido que les ha dicho: si no votas por mí te borro del padrón de la resistencia civil. Ha tendido realmente sus manos amigas, para ayudar al más necesitado. Y eso es algo que debemos celebrar y reconocer. Mira, nosotros los políticos decimos que hay que tener mano izquierda, cuando nos referimos a que hay que tener sensibilidad para tratar un asunto o una persona. Pero hay que tener mano derecho para darle al amigo, para ayudar al amigo, cuando este requiere más que aliento o motivación o comprensión. Y Granier, no cabe duda, ha sabido ser amigo de todos los tabasqueños.

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